jueves, 17 de junio de 2010

Concierto en Teatro del Lago, Frutillar, 26 de junio

Estimado amigos,
Aquí está la información e invitación del concierto que daré el próximo sábado 26 de junio en el Teatro del Lago en Frutillar. En la primera parte interpretaré obras para guitarra sola de Mauro Giuliani, Leo Brouwer y Antonio José; y en la segunda parte junto a Nurys Olivares, interpretaremos obras de John Dowland, Manuel de Falla, Benjamin Britten, tradicionales rusos y Alex Vigueras.



COMUNICADO DE PRENSA



Los artistas chilenos Nicolás Emilfork y Nurys Olivares visitarán el Teatro del Lago el sábado 26 de junio, para ofrecer un variado concierto, que incluirá obras para guitarra sola y canto-guitarra de Mauro Giuliani, Manuel de Falla y Benjamin Britten, entre muchos otros.

Nicolás Emilfork obtiene su Licenciatura y Título en Interpretación Musical en Guitarra, ambas con distinción máxima, en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, en la cátedra del maestro Ernesto Quezada. Se ha perfeccionado tomando clases magistrales con el laudista Hopkinson Smith, Carlo Marchione, Eduardo Catemario, Alvaro Pierri, entre otros.

Ha sido premiado en concursos en Chile, España y Grecia. Se ha presentado en Chile, Argentina, Francia, España, Grecia, Portugal, Austria y Marruecos. Destaca su participación en el Festival Internacional Entrecuerdas; Festival Guitarras de América; Festival Ciutat d’Elx, España; I Temporada Nit de Concerts Clasics a Santa María de Solanes, Catalunya; Festival des Cordes Pincées, Marruecos. Es profesor de la cátedra de guitarra del Conservatorio Sergei Prokofiev de Viña del Mar; y columnista de La Tercera Online.

Nurys Olivares, es licenciada en Educación Musical de la U. de La Serena, e Intérprete Superior en Canto de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, donde estudió en la cátedra de la maestra Carmen Luisa Letelier. Actualmente integra el Coro de la Ópera del Teatro Municipal de Santiago. Realiza estudios en Barroco Latinoamericano impartidos por el Centro de Altos Estudios Musicales de Ginebra, becada por la Fundación Andes; estudios de teatro e interpretación bajo la dirección del Teatro Colón; y estudios de Barroco Italiano becada por la U. Católica. Se ha perfeccionado con el director de orquesta Pedro Pablo Prudencio y el maestro Alfredo Saavedra. Se ha presentado como solista e integrando grupos de cámara en Chile, Argentina, Brasil y Finlandia. En el plano de la ópera destaca su participación en los elencos de las óperas “La Flauta Mágica” y “Sor Angélica”, realizadas por el Teatro Municipal de Santiago.

Bono Cultural e inequidad en el acceso

Pasó desapercibido uno de los anuncios que hizo el Ministro de Cultura hace unas semanas, que guardaba relación con la puesta en marcha, como proyecto piloto, de un bono cultural que permitiera acceder a gente de recursos escasos a eventos artísticos que en situaciones corrientes no podrían asistir. Independiente de si estamos de acuerdo o no con su implementación, lo que resulta llamativo es el hecho que marca de alguna forma la búsqueda de la solución a uno de los grandes problemas en materia cultural que afecta a nuestro país: la desigualdad de acceso a la cultura.



Como se señalaba en una columna anterior (ver columna), el porcentaje de participación de los sectores más desposeídos en eventos culturales, según un estudio del CNCA, es inferior al 20 por ciento en promedio. Si a esto le sumamos que el Estado financia aproximadamente el noventa por ciento de la producción artística en el país, nos damos cuenta que aquí hay un objetivo que no se está cumpliendo. Si comparamos el aporte del Estado en otras materias como economía, pobreza, etc. tendríamos que afirmar que hay un claro error de focalización de las políticas, ya que si se ha decidido que el Estado se involucre en la producción artística, también debe asegurarse que el acceso sea equitativo.



Esto se da en gran medida porque la gran mayoría de la producción de eventos artísticos se realiza en los sectores más acomodados. Las temporadas regulares de conciertos, las temporadas de teatro, las exposiciones, etc. se llevan a cabo en sectores más céntricos y en sectores acomodados, dejando a la periferia abandonada, esperando que sea la gente de estos sectores la que se acerque y asista. ¿Basta con esto? No, porque en muchas ocasiones los problemas de transporte, costos y distancias, impiden que participen. Es cierto que sea realizan actividades en comunas de escasos recursos, pero también hay que señalar que éstas son actividades de extensión y no actividades regulares que hagan a los vecinos participar de manera sostenida. Porque a la regularidad debe sumarse el hecho de que la frecuencia de realización deba ser alta y fija en horario, con el fin de que intente crear hábito en la ciudadanía. De nada sirve la visita de un conjunto de cámara una vez cada dos meses, ya que más que un evento, pasa a convertirse en anécdota cultural.



¿Por qué este problema no sale a la luz de manera más enfática? En gran medida porque no hay mediciones constantes sobre este aspecto. Los estudios de hábitos culturales tiene casi cinco años de separación uno de otro, y no se fijan con especial atención en este elemento. Fijan sus objetivos en la evolución y diversificación de la producción, más que en el tipo de asistencia o participación cultural de parte de la ciudadanía. Es cierto que no existe lo segundo sin lo primero, pero en los últimos años, a través del crecimiento de los fondos concursables, el artista ha pasado a ser más importante que el público, lo que provoca distorsiones graves, sobre todo considerando que es el Estado quien pone la mayor cantidad de dinero en la producción.



¿De qué manera arreglamos este problema? Sin lugar a dudas el bono cultural contribuye, pero no soluciona el problema de acceso en toda su envergadura. La solución puede pasar por tres elementos fundamentales que atacan el problema de distintas maneras.



En primer lugar, se debe empoderar a la municipalidad en el desarrollo de esta actividad. Muchas municipalidades tienen departamentos culturales, pero fijan fuertemente sus actividades y los pocos recursos que destinan a talleres y actividades de poco impacto. A través de recursos otorgados de manera eficiente, podría descentralizarse el sistema, no depender de la iniciativa de artistas que gane un fondo, y así gestionar temporadas regulares en distintos lugares de la comuna, generando instancias para recuperar el espacio público. Si no se logra recuperar el espacio comunitario, difícilmente la cultura podrá llegar a los vecinos y sus familias.



El segundo punto es tratar de diversificar los escenarios artísticos en las comunas de escasos recursos. Utilizando colegios, y centros comunitarios como escenarios pequeños, podría asegurarse un funcionamiento y un efecto de alto impacto debido a la fuerte circulación potencial que tienen.



Y el tercer punto, y quizás el fundamental, es el tema de los recursos. Y es aquí donde el Estado debe asegurar que parte de los dineros de los que dispone sean dirigidos a comunas de escasos recursos, licitando, por ejemplo, las temporadas regulares de conciertos a agrupaciones estables que se comprometan a realizar esta labores. De esta manera se asegura la participación de la ciudadanía y la existencia de eventos con frecuenta que fomenten la participación cultural. Se evitaría la dependencia de los fondos concursables y así se aseguraría una producción a largo plazo de actividad artística. Aquí, la asociación con instancias universitarias es fundamental. ¿Por qué? Porque la opción debe ser asesorada con cuerpos artísticos de calidad que permitan que lo que se entregue sea de un estándar de calidad y gran profesionalidad. ¿O por ser materia cultural debe ser menos serio? Si hacemos la analogía con otras reparticiones del Estado, claramente podemos afirmar que la colaboración es fundamental.



Y es en este último punto dónde puede experimentarse un financiamiento mixto, colocando incentivos para que la empresa privada colabore en actividades artísticas focalizadas, y no de cualquier índole. Esto con el fin de asegurar una participación y el acceso de los más pobres. De la misma manera que el Ministerio de Salud intenta asegurar el bienestar a toda la población y no sólo a los profesionales de la salud, el Ministerio de Cultura (o Consejo para ser exacto), debe asegurar la participación cultural a todos los chilenos y no sólo a los profesionales del arte. Esta es una distorsión que debe terminar, o por lo menos, disminuir.



Porque la desigualdad es muy grande y los crecimientos de los fondos no han ido en directa relación al crecimiento de la participación, sobre todo en sectores más desposeídos. Han esperado muchos años y ya es tiempo que las políticas culturales se focalicen, equilibrando la balanza tanto en la producción como en la participación. Porque la inequidad en nuestro país, no sólo es económica, si no que alcanza ribetes muchas más profundos de los que imaginamos.

Publicado en La Tercera Online:

Humanidades y arte: Enclaustramiento y responsabilidades

Cuando uno pregunta sobre la importancia de las humanidades y las artes, la gran mayoría de la gente tiende a señalar que efectivamente sí lo son. Sin embargo, al analizar el estado de éstas en la educación, las propuestas públicas relacionadas, y sobre todo su importancia en la proyección de del país con miras al desarrollo, nos damos cuenta que éstas dos ni siquiera son abordadas tangencialmente. Por el contrario, son excluidas sobre las visiones que ven en la innovación, la tecnología y el emprendimiento las principales formas de desarrollar el país, ya que las universidades que agrupan en su gran mayoría a las personas que se dedican a éstas disciplinas han estado ausentes del debate. Por el contrario, el gran punto de preocupación son los fondos de cultura por un lado y los fondos de investigación por el otro, lo que es altamente respetable. ¿Pero de qué manera conectamos los proyectos de ambos con la gran mayoría de la población? ¿De qué manera logramos que la élite de estas dos áreas se preocupe de enviar su mensaje a tantos receptores que no conocen o no tienen las herramientas para aprender y entender ambas manifestaciones?



Hay que señalar que indudablemente los principales desafíos de nuestro país son la superación de la pobreza y el mejoramiento de la educación, sobre a todo a nivel escolar. Y es en este punto dónde justamente las artes y las humanidades tienen algo que decir, ya que ambas han contribuido a lo largo de la historia a formar tradición cultural. La música y las matemáticas son lenguajes abstractos, que en la antigua Grecia dialogaban sin problemas. La Filosofía y la historia han construido muchas bases de las teorías económicas. El conocimiento humano es un cubo con disciplinas que dialogan constantemente entre sí, interacción que se ha visto mermada por una especialización en muchas ocasiones mal entendida, lo que ha tendido a unificar criterios de evaluación, muchas veces cuantitativos, que difícilmente son aplicables a disciplinas como las que señalamos anteriormente.



Los numerosos problemas que encuentran las artes y las humanidades en su desarrollo, como la falta de financiamiento y la inexistencia de proyectos a largo plazo, se deben en gran medida a la poca importancia que tienen éstas áreas en el proceso escolar y por consiguiente, en el proceso educativo universitario. ¿Por qué? Porque además de la familia, los colegios son las principales instituciones que entregan las primera nociones de arte, literatura e historia al individuo. Y si esa entrega se realiza mal o ni siquiera se lleva a cabo, es poco probable que los niños formados en nuestra aulas logren interesarse o captar las infinitas ventajas que supone una formación humanístico artística. (Ver columna)



Una de las grandes falencias en este sentido ha sido la dicotomía existente entre docencia universitaria de humanidades y artes, con sus pedagogías respectivas y sobre todo con los programas que se enseñan en los colegios en relación a éstas áreas. Por un lado tenemos departamentos académicos de excelencia, con profesores con doctorados, que hacen investigación, que dictan conferencias, etc. Y por otro, tenemos profesores que no pueden hacer a sus alumnos entender sus materias; tenemos estudiantes que cada vez leen menos, que entienden poco lo que leen y que cada vez más ven en la lectura un cortapiso, más que un elemento que les de herramientas para enfrentar el futuro. ¿Por qué? Porque muchas de las pedagogías que se imparten no poseen una formación acabada de la disciplina como si la tienen las personas que se desarrollaran en la misma disciplina, pero en el mundo universitario. Y al parecer da la impresión de que fueran de mundo distintos, sin darse cuenta que ambos deben convivir recíprocamente, ya que las investigaciones de unos serán difundidas por los otros durante los años de enseñanza. Si a esto le sumamos la disminución en horas de las asignaturas artísticas y el giro de las asignaturas humanísticas hacia resultados más que a procesos, podemos afirmar que la importancia de estas áreas en la enseñanza ha ido disminuyendo paulatinamente.



Más aún, si se considera que los programas escolares son extensos en contenido, pero poco avezados en materia de experiencia, las dificultades aumentan. Por ejemplo, en el área de música se busca que los niños aprendan de ésta con énfasis en aspectos teóricos y de historia, pero tienen su primera experiencia instrumental cuando están en sexto básico, pudiendo haber comenzado varios años antes.



Este enclaustramiento es un círculo vicioso, debido a que el luchar por la sobrevivencia, impide muchas veces que se pelee por convencer a la sociedad de su importancia a través de proyectos de impacto a largo plazo en la población. Se buscan proyectos de efecto, eventos culturales más que la creación de políticas públicas y mediciones que nos señalen los caminos a dónde debemos apuntar. ¿En qué momento se dejó a la deriva todos los procesos? Sin lugar a dudas los ambientes en lo cuáles artistas, nos desarrollamos son competitivos lo que nos hace luchar día a día por un lugar desde el cual crear. Fondos concursables, fondos de investigación, proyectos, financiamiento, son palabras que cubren el ambiente cotidiano, y que reemplazaron palabras como objetivos, ideas, metas y desarrollo. Lo que es pan el día de hoy, puede ser hambre para mañana en muchos aspectos.



Por otro lado, uno de los grandes objetivos de nuestras universidades es estar entre las mejores del mundo. Se habla por lo tanto de que se debe invertir sobre todo en ciencia, tecnología e innovación. Sin embargo este último concepto no es sólo aplicable al ámbito científico si no es que también los es a todo el espectro del conocimiento, incluyendo las artes y la humanidades. Si uno observa los rankings internacionales, se puede ver que las universidades líderes lo son en todas las áreas del conocimiento y no sólo en algunas (ver link). La gran diferencia con sus pares chilenas es que los departamentos de humanidades no sólo se preocupan de sus carreras de pregrado y postgrado, sino que también se involucran en los procesos educativos de las otras áreas, lo que les permite intervenir en la formación de científicos, ingenieros, economistas, etc.; gente que a priori podría parecer desligada de este mundo.



Sin lugar a dudas que la innovación tecnológica es fundamental, pero difícilmente podremos avanzar si nuestros niños no entienden lo que leen; si no pueden escuchar con paciencia; si no pueden trabajar en equipo; si no pueden entender que en muchas ocasiones el camino largo es el correcto. Las humanidades y las artes nos ayudan a desarrollar justamente estos aspectos y muchos más. Permiten experimentar experiencias comunitarias y sobre todo valorar más allá de elementos prácticos muchas experiencias de vida, que ayudarán de una u otra forma en los desafíos futuros.



¿De qué manera se puede cambiar esta realidad? Primero que nada, reconocer nuestras responsabilidades en la poca importancia que se percibe en relación a las artes y las humanidades, preguntándonos que hicimos mal y en qué momento convertimos nuestras disciplinas en herméticas y las alejamos de la sociedad. Posteriormente, tenemos que ser capaces de ver qué ocurre dentro del aula, ver si los procesos están acordes a nuestra era y ver si los profesores que siguen enseñando la literatura, la música, etc., lo realizan como hace cincuenta años o utilizan herramientas actualizadas. Una vez que sepamos que ocurre con las artes y las humanidades dentro de las aulas podremos decidir si los programas impactan positivamente en los niños y si efectivamente logran desarrollar en estas áreas a los estudiantes. Y por último, debemos generar instancias universitarias interdisciplinarias serias, que vayan más allá de un taller, con el fin de que la formación de pregrado tienda a enriquecerse. Porque los recursos son necesarios, pero no constituyen por sí solos una política pública. Se necesitan decisiones que le permitan a la sociedad en general dialogar de manera más sencilla y cotidiana con estas disciplinas que tienden en encerrarse en las frías salas de la academia.


Publicado en La Tercera Online:
http://blog.latercera.com/blog/nemilfork/entry/humanidades_y_arte_enclaustramiento_y